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A sus 40 años, tiene la responsabilidad de dirigir la vigilancia epidemiológica de enfermedades en nuestro país. Guillermo Sequera es uno de los seres humanos más escuchados en este momento por quienes vivimos en el Paraguay.

Médico, doctorado en medicina preventiva y salud pública, además de diversas maestrías y especializaciones en medicina interna, epidemiología, metodología de investigación en ciencias de la salud y una infinidad de cursos y talleres en diversas partes del mundo. Conoce bastante nuestro país, desde el fondo del Chaco -donde trabajó inclusive intercambiando con pueblos originarios sobre métodos de abordaje en salud- hasta su actual ejercicio como Director General de Vigilancia de Salud del Ministerio de Salud Pública. En sus tiempos de estudiante también tuvo militancia gremial y fue parte de la Mesa Organizadora del Foro Social Universitario (MOFSU), iniciativa universitaria que buscaba abordar de forma crítica e interdisciplinaria los problemas sociales desde una perspectiva trasformadora.

Sequera se nos muestra capacitado y con sensibilidad social, combinación que nos parece importante valorar para iniciar la entrevista que dio gustoso a nuestro periódico Adelante! Digital.

Volver a la normalidad

Iniciamos el intercambio con una de las preguntas más frecuentes en el marco de esta incertidumbre generalizada, cuánto tiempo nos llevaría volver a la normalidad. Sequera problematiza la pregunta porque requiere de una respuesta mucho más compleja.  Expresa que esta crisis pandémica refuerza lo interpelante del término “normalidad” considerando la cantidad de malos hábitos que naturalizamos como sociedad y que nos ponen en riesgo constante.

“Quizás en dos o tres meses se acabe la incertidumbre y a partir de ahí entraremos a una fase que muchos querrán que sea como volver a lo mismo que antes, pero no va a ser así. A mí me cuesta creer que la gente quiera volver a la normalidad después de esto. Existen demasiadas cuestiones, desde el punto de vista individual y poblacional, que estaban naturalizadas y que ponían en riesgo nuestro ritmo vital. Creo que esta epidemia no acabará con la humanidad, pero es un aviso. Como humanidad somos frágiles, y esa “normalidad” que llevábamos agudiza los riesgos. Por eso no podemos volver al mismo punto en el que estábamos antes de la pandemia”.

Sequera afirma que necesitamos volver más saludable el estilo de vida individual y poblacional. Desde el punto de la salud, considera necesario superar el individualismo instalado como eje de nuestra normalidad actual, centrado en el consumo, en el éxito individual, en la competencia.

“Un individualismo que no tiene en cuenta a su propia especie, y pensando ecológicamente, tampoco al planeta. Esa normalidad no puede seguir. Ahora es un virus, la próxima será el calentamiento global y luego pueden ser las inundaciones. Todo está vinculado. Pensemos en nuestra vida cotidiana, en el contrato social que hemos asumido, que mercantiliza todo. Incluida la salud que es equivalente a mercantilizar la vida, a poner precio a todo. Hoy todo está precarizado. Todo se compra y paga en función de la “mayor efectividad, mayor productividad”. Se reduce la vida a eso y por supuesto también la salud. Parte de eso es la privatización de la salud.  Pero no es solo eso. Para volver a la normalidad debemos hacernos un llamado individual y poblacional, necesitamos un nuevo contrato social, que se piense y que vaya más allá de la reforma del sistema de salud.”

Define la salud en términos integrales. Asegura que sería un error pensar en una solución enfocada solo en el sistema de salud. Si bien es necesario y urgente que la salud sea gratuita y universal, no es suficiente. “No podemos estar expuestos a que una gripe nos liquide a un tercio de la población porque el sistema no está preparado o porque no tenés plata para que te atiendan. Es hora del nuevo contrato social y de dejar de naturalizar un montón de injusticias”.

Las deficiencias de la salud pública son síntomas de un sistema de producción social que se organiza teniendo como eje el lucro.

“El sistema que tenemos está enfermo. Y esto se evidencia en el estilo de vida que tenemos, el exceso de hiperconectividad, en la forma de organizarnos para producir bienes y servicios. Con esta cuarentena, nos estamos dando cuenta de que un estilo de vida mucho más racionalizado puede ser más productivo, tanto en el sector público como en el sector privado. Una racionalización del trabajo sin el consumo desenfrenado ni la competitividad, ya que su combinación solo genera más inequidad. Si trabajamos y producimos para una vida digna no es necesaria tanta depredación. Ojalá no volvamos a esa normalidad.”

 

 

Sectorizar el aislamiento

Ante la novedad de este virus, existen múltiples debates a nivel mundial sobre las formas de aislarlo. Dentro del Ministerio de Salud de nuestro país también el debate es permanente. Sequera señala que la posibilidad de un aislamiento sectorizado como táctica para combatir la propagación, es un planteamiento que se está considerando. Y que en primer lugar habría que definir el tipo de sectorización, social, territorial o laboral.

Afirma que a nivel social ya estamos sectorizados. “Esta enfermedad es de clase alta. Es como el ébola de los ricos. Empieza por ahí pero no quiere decir que los pobres estarán exentos de la enfermedad. Lo harán en fase tardía, como es al revés con la tuberculosis, que empieza de las clases vulnerables y luego, si hay excedente afecta a la clase alta. Puede ser una buena idea aislar a todo ese sector social que potencialmente estuvo en contacto en lugares donde hubo virus”.

Dentro del actual gobierno se debate la posibilidad de territorializar áreas libres o con poca influencia del virus y áreas con mucha influencia. Que se haga cuarentena en lugares sectorizados, lo que no implicaría cortar la relación, pero sí complicar el tránsito, para que se dé solo si hay demasiada necesidad. Esto reduce el ritmo de diseminación de la enfermedad. Es decir, no impide la propagación del virus, sino hace más lento el proceso, que es lo que el sistema de salud quiere para poder atender a una mayor cantidad de gente afectada.

El virus en nuestra mente

Al consultarle sobre salud mental, nuestro entrevistado respira hondo, para ubicarse en este escenario tan imprevisible como peligroso, y desde su responsabilidad como ciudadano, como trabajador de la salud, como funcionario público y como Director de Vigilancia del Ministerio, nos asegura que la salud mental es un déficit histórico, como muchos otros que tenemos en nuestro país.

“La salud mental es todavía una semilla en el Ministerio. Hay muchas ganas pero es muy difícil porque necesita de un sistema de salud más humano. Lo que se puede hacer desde los programas de salud mental es todavía muy restringido, psiquiatrizado, hospitalocéntrico, pensado solo desde los neurosiquiátricos, desde la medicalización”. Y para ubicar la importancia de este problema, nos describe cómo ha sido la oleada de muertes en torno al COVID-19. La primera ola está conformada por la mortalidad causada por la enfermedad en sí; la segunda es la mortalidad excedente de otras enfermedades que no pudieron ser atendidas por culpa del COVID-19; la tercera es la causada por todas las enfermedades crónicas y otras que rebrotan por descuido del sistema que estuvo atento al COVID-19; y la cuarta, que no es menos importante, es el tema de la salud mental, incluyendo la depresión o los suicidios. “La salud mental se ve muy afectada. Empezando por el personal sanitario, que enfrenta la incertidumbre y el desconocimiento, con un sistema de salud que les ofrece poco para defenderse y combatir la pandemia”.

Afirma que somos una sociedad muy estresada, mentalmente deteriorada, con un aumento progresivo del suicidio en los últimos 10 o 15 años. “Décadas atrás, la población más propensa era la de hombres adultos mayores, agobiados por problemas de deuda. Los casos de jóvenes eran aislados. Hoy es diferente, hay mucho suicidio de gente joven, inclusive personal de blanco.  Y esto está relacionado a los valores de la actual sociedad. Una sociedad no preparada para el fracaso, muy exitista, muy frágil ante situaciones de crisis. El Ministerio aún no está preparado para esto. Ojalá se vayan tomando medidas”, refiere.

Advierte que el cuidado del personal de blanco es central. “Ver que tu personal de blanco tenga problemas de salud mental es terrible, porque son los que están defendiéndonos desde las trincheras de esta guerra. Si cae el personal de blanco, ¿qué nos queda?”.

Para dar cuenta de la dimensión y las relaciones del problema, un dato importante que apunta es que los psiquiatras cada vez atienden y medican más, a gente con problemas de precarización laboral. “Y al final todo pasa por el tema de salud pública y a la vez va mucho más allá, se trata de cuestiones de políticas de Estado. Y ahí volvemos al discurso de la “normalidad” ¿A cuál normalidad volver? A esa no, no se puede.”

Personas privadas de libertad

Sobre la situación en las cárceles, Guillermo nos cuenta sobre las medidas básicas tomadas por el Ministerio de Salud. “Estamos en contacto con la penitenciaria. Tenemos un convenio. Hay un plan de contingencia con ellos”. Parte del plan que se desarrolla es la reducción de visitas y las visitas alternas por grupos. También se realizan filtros con tomas de temperaturas, revisión de síntomas, preguntas a trabajadores de la penitenciaria y búsqueda activa de personas con síntomas dentro de las cárceles.

Hasta ahora se ha tenido dos casos con síntomas, a los cuales se les hizo el análisis y dieron negativo. Se identificaron algunos lugares de aislamiento para cuando hubiere casos positivos. “Estamos tratando de reducir contacto para que no ingrese el virus, porque un brote en la penitenciaria, puede ser algo muy complejo”.

Deforestación y polución

Se suele decir que el mundo es como nuestra casa. Pero esta afirmación no es correcta. De una casa podemos salir y deambular por las calles sin morir. Pero del mundo no podemos salir así nomás, porque el mundo tiene oxígeno sin el cual no podríamos continuar con vida. Por eso es fundamental entender que somos parte del mundo, somos parte de la naturaleza; y a partir de nuestra condición de pertenencia al mundo, a la naturaleza, establecemos una relación con ella.

Comprendiendo esta forma de entender nuestra existencia como especie, Guillermo nos recuerda que durante el fenómeno de los incendios ocurrido el año pasado, se disparó el número de consultas por problemas respiratorios. Era época de influenza, sin embargo, casi todas las muestras salían negativas mientras aumentaba el número de internaciones por problemas respiratorios.

“La deforestación y polución del aire tiene un impacto directo en las alergias, afecciones pulmonares agudas”.

Añade que también genera problemas indirectos, de carácter acumulativo y de manera crónica. “Si tenés problemas cardiovasculares, problemas cardiacos, podés tener un ACV, un infarto, más adelante cáncer. Es más difícil de demostrar porque la temporalidad acumulativa es de 10 a 15 años. Por eso es difícil realizar este tipo de estudios. No sabés a qué estuviste expuesto hace 15 años. Llevó 50 años demostrar que el tabaco generaba cáncer, por ejemplo. La polución del aire, hoy día, es el tabaco del futuro en cuanto a mortalidad. Y este problema está ligado a la deforestación y, en consecuencia, a la propuesta de relacionamiento y desarrollo productivo”.

Nuestra preparación para este y otros brotes epidémicos

“Tenemos un ministerio de salud sumamente precarizado, uno de los peores sistemas de salud de la región. Necesitamos quintuplicar su capacidad para estar preparados”.

Para ejemplificar la sentencia, relata que la provincia argentina de Misiones, con sus poco más de un millón de habitantes, no es de las más aventajadas provincias de ese país, además figura entre las que tienen menor cobertura de salud, contando con cerca de 7 mil millones de dólares de presupuesto de salud provincial. En Paraguay, con 7 millones de habitantes, el presupuesto nacional de salud pública abarca apenas mil millones, siete veces menos que el de la provincia de nuestro vecino país.

“Sería bueno que Paraguay sea como Misiones nomás. Y para eso no solo hace falta mejorar el gasto y la distribución del presupuesto combatiendo la corrupción. Necesitamos los 7 mil millones para parecernos a la provincia de Misiones. Y ahí nos damos cuenta de que las deudas históricas hacen que sea tristemente imposible estar preparados para una epidemia, pero bueno, vamos a tener que enfrentar la guerra con lo que tenemos”.

Otro Sistema

“La salud no se puede pensar solo con aumento de médicos y camas. Ese modelo de salud te puede hacer vivir un poco más, pero para que sigas viviendo mal. Y será una bola de nieve. Puede ser rentable mercantilmente en términos cortoplacistas. Pero si lo demás está enfermo, se vuelve insostenible”, asevera.

“Necesitamos reformar el sistema de salud, pero debe ser parte de una reforma integral, del modelo productivo, del sistema tributario, de la educación, de lo ambiental y ecológico”.

El médico Guillermo Sequera, nos insta a profundizar en las causas de la enfermedad para encontrar su cura: no es suficiente reformar nuestro sistema de salud. Necesitamos reorganizar nuestra forma de vivir en el mundo. Necesitamos con urgencia desarrollar otra normalidad en la cual se priorice la vida por encima del lucro.

 

*Por Najeeb Amado, Secretario General del Comité Central del PCP

 

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