Durante la misa dominical en la Basílica de Caacupé, el monseñor Ricardo Valenzuela, obispo de la diócesis, alertó sobre la peligrosa normalización de la violencia y la indiferencia en la sociedad actual, tanto global como local, que se han vuelto cotidianas y aceptadas.
Recordó que Jesús bendice a los pacificadores como hijos de Dios, promoviendo paciencia, mansedumbre y docilidad del corazón frente a la opresión, rechazando toda forma de fuerza o resistencia armada. “Para esto he nacido y para esto he venido al mundo”, citó.
Valenzuela insistió en que el Evangelio propone una transformación del corazón mediante amor, justicia y conversión personal, no revoluciones violentas. “El que devuelve el golpe es peor, porque perpetúa el círculo de la violencia”, expresó.
El religioso denunció no solo la criminalidad, sino también la violencia familiar, psicológica, intolerancia, maltrato, exclusión e indiferencia al sufrimiento ajeno, llamando a actuar con amor activo contra el mal, sin pasividad ni complicidad, para forjar una sociedad más justa y solidaria.
