Inicio Entrevista Dr. César Ruffinelli: “Líder Positivo es aquel que busca servir y encamina a los demás hacia el bien común”

Dr. César Ruffinelli: “Líder Positivo es aquel que busca servir y encamina a los demás hacia el bien común”

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El liderazgo, para el Dr. César Ruffinelli, no se trata de ejercer poder ni de ocupar una posición de autoridad. Se trata de servir, generar confianza y abrir espacios para que otros también puedan crecer. Desde su experiencia como decano de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Diplomáticas de la Universidad Católica y miembro del Consejo de la Magistratura, plantea una mirada sobre el liderazgo estrechamente vinculada con la educación, la responsabilidad y la formación de nuevas generaciones.

En tiempos de transformaciones tecnológicas aceleradas, también advierte sobre la necesidad de no perder de vista aquello que ninguna herramienta puede reemplazar: la dimensión humana. La inteligencia artificial, sostiene, puede ser una herramienta de enorme valor, pero debe estar al servicio de las personas y no convertirse en un sustituto de su capacidad de pensar, decidir, acompañar y actuar con valores.

Liderar es servir

—Usted está al frente de una institución dedicada a formar profesionales. Desde esa experiencia, ¿qué características debería tener hoy un líder que quiera transformar su entorno?

En primer lugar, el liderazgo debe ser entendido como un espacio y una oportunidad de servicio. Ayudar y guiar a los demás, teniendo en cuenta que no puede haber transformación si no se busca el bien de todos o el bien común, porque todo cambio o transformación tiene que partir de la realidad. Igualmente, ese proceso de liderar tiene que ser capaz de generar nuevos líderes, dar espacio a los demás para que sean personas capaces de generar y multiplicar los cambios positivos. Un líder que no genera espacios para que surjan otros líderes no está cumpliendo adecuadamente su misión. Las instituciones están formadas o integradas por personas, son las personas las que generan los cambios que permiten transformar para bien nuestra vida.

Esta concepción también implica revisar la relación entre liderazgo y autoridad. Para Ruffinelli, durante mucho tiempo ambos conceptos fueron confundidos y el poder terminó ocupando el lugar que debería corresponder a la capacidad de guiar.

—Durante mucho tiempo se entendió que liderar era principalmente tener conocimiento y autoridad. ¿Qué cambió en nuestra manera de entender el liderazgo?

Creo que el problema estaba en creer que por el solo hecho de tener autoridad uno ya era un líder, entonces la gente seguía a esa persona no por su capacidad, sino por el poder que tenía o tiene. Se confundía liderazgo con poder y autoridad. Ese tipo de liderazgo finalmente se imponía sobre los demás.

Con todas las enseñanzas de la historia hoy podemos ver y entender que un líder auténtico no se impone, sino que surge de una visión donde la libertad y la autoridad se complementan. La autoridad significa sobre todas las cosas responsabilidad en la toma de decisiones y entender que debemos aprender a escuchar más a los demás, buscar juntos una mejor sociedad y, por sobre todas las cosas, en esas pequeñas cosas que uno va haciendo, generar una confianza sincera.

Hoy se debe buscar en un líder la sensibilidad para entender las necesidades de los demás, sabiendo que un líder busca el bien de todos y no solo de algunos. La legitimación de la autoridad de un líder debe provenir de ese proceso.

Educar para decidir y asumir responsabilidades

Para Ruffinelli, esta concepción del liderazgo no puede separarse de la educación. Formar profesionales implica también formar personas capaces de comprender la realidad, tomar decisiones y asumir responsabilidades. Y ese proceso, sostiene, comienza mucho antes de llegar a una institución educativa.

—¿Qué papel juega la educación en la formación de personas capaces no solo de ejercer una profesión, sino también de tomar buenas decisiones y asumir responsabilidades?

La educación es una dimensión fundamental de la persona. Nos ayuda a comprender mejor la verdad y también a buscar y valorar la verdad. No hay educación si no se “educa” en la verdad. La verdad nos ayuda a reforzar nuestras decisiones basadas en las competencias y los conocimientos que vamos adquiriendo a través de un proceso continuo de enseñanza-aprendizaje.

Las buenas decisiones se deben fundamentar en una correcta visión de la realidad. Los profesionales no solo deben ser formados en conocimientos, sino también en cómo aplicar esos conocimientos basados en la búsqueda y la aplicación de los mismos en concordancia con la verdad, acompañada de una sólida formación ética y moral.

Toda ciencia tiene su verdad y cuando un profesional se aparta de ella, entonces se empiezan a distorsionar los conocimientos y también se distorsiona la persona. De allí la importancia de tender un puente y unir nuestras acciones para que conocimientos, inteligencia, acción y verdad siempre caminen por el mismo sendero.

El liderazgo es una virtud, se va construyendo, va creciendo a medida que nos habituamos a hacer el bien, tomar buenas decisiones y asumir las responsabilidades. Justamente la palabra responsabilidad nos indica que siempre estamos llamados a responder por nuestras acciones.

La educación por sí misma es un proceso que nos acompaña desde que nacemos, por eso la primera educadora es la familia y desde allí hay que empezar a formar la conciencia de liderazgo y ese proceso debe continuar toda nuestra vida. El primer lugar donde debemos empezar a vivir este proceso es en nuestra familia y luego desde ese espacio de por sí se irá trasladando a otros ámbitos. Si olvidamos nuestros orígenes como personas corremos el riesgo también de perjudicar otras estructuras.

Cuando el conocimiento se convierte en liderazgo

La formación, sin embargo, no termina en el aula. Para Ruffinelli, también es necesario preguntarse qué hacemos con aquello que aprendemos. El conocimiento, por sí solo, no garantiza la capacidad de inspirar o movilizar a otros.

—Hay personas con muchísimo conocimiento que no necesariamente consiguen inspirar o movilizar a otros. ¿Qué hace que el conocimiento se convierta en liderazgo?

Me parece que el conocimiento, cuando no es aplicado al bien común, termina por generar desconfianza y se desvirtúa. Existe una famosa frase que dice: “Conocimiento es Poder”, pero puede haber personas poco humildes con sus conocimientos que no desean compartirlos con los demás y eso termina destruyendo —a la larga— cualquier proyecto de liderazgo porque se vuelve un proyecto individualista o autoritario, ya que el simple hecho de querer inspirar a los demás tiene que ver con el testimonio que le dejamos.

Actualmente vivimos en una cultura que está muy acostumbrada o se va acostumbrando a menospreciar y despreciar a los demás, una especie de cultura del odio o del “descarte”, como nos recordaba el Papa Francisco. Una cultura que a veces tiene otros valores o antivalores como la inmediatez, la soberbia, el odio y la competitividad mal entendida, como aquella en la que hay que eliminar al que está a mi lado porque solo yo tengo que llegar a la meta.

El auténtico líder quiere que todos lleguen a la meta y no elimina a nadie ni deja a nadie por el camino, aprende a reconocer los errores, levantarse, corregirse y seguir adelante. El conocimiento se convierte en liderazgo cuando asume que el otro es siempre importante. Cuando el conocimiento se pone a disposición de los demás, entonces se convierte en liderazgo; en otras palabras, el líder debe despojar sus conocimientos de todo egoísmo.

El desafío de la inteligencia artificial

Ese vínculo entre conocimiento, responsabilidad y liderazgo adquiere una dimensión especialmente actual frente al avance de la inteligencia artificial. Ruffinelli considera que la tecnología ofrece enormes posibilidades, pero también obliga a replantear qué capacidades deben seguir siendo centrales en la formación de las personas.

—Vivimos en un mundo atravesado por la inteligencia artificial y cambios tecnológicos permanentes. ¿Qué conocimientos y capacidades humanas cree que serán cada vez más importantes?

En un mundo cada vez más gobernado o influenciado por la creciente autonomía de los algoritmos, es importante que recordemos que la persona nunca puede ser reducida a un dato, la humanidad no es un error y la libertad humana no puede reducirse a una simple predicción matemática o estadística.

La persona, el ser humano, tiene desde su concepción “dignidad”, una dimensión que no debe olvidarse o perderse. La tecnología es muy importante, pero la tecnología, que es una gran herramienta, sin humanidad puede finalmente terminar siendo aplicada para causar daño.

La inteligencia artificial es muy útil y es un importante elemento para nuestros tiempos que debemos aprender a saber usar y orientar para el bien. Justamente la pregunta nos abre una gran interrogante o quizás una expectativa: que en estos tiempos donde la tecnología cada vez avanza más en nuestra vida cotidiana, debemos fortalecer y centrarnos en nuestra humanidad, nuestras capacidades y habilidades auténticamente humanas de estar cerca de los demás, de generar confianza, de acompañar a los demás, pensar y proyectar nuestras acciones y decisiones basados siempre en valores humanos universales.

La inteligencia artificial no tiene una estructura ética o moral como la persona, esto quiere decir que esta es una de nuestras principales capacidades humanas que nos diferencian de ella.

También debemos comprender la abismal desproporción que existe entre usar la tecnología o depender de ella, dejar todo en manos de ella, son dos caminos distintos y la educación, todo nuestro sistema educativo —desde sus inicios— debe empezar a plantearse esta cuestión y reformar el modo como estamos formando y educando a las personas, a nuestras futuras generaciones.

La innovación, desde esta perspectiva, no significa dejar atrás lo aprendido, sino encontrar nuevas formas de utilizar el conocimiento sin perder de vista la dimensión humana.

—¿La innovación necesariamente implica dejar atrás lo que aprendimos o también puede significar encontrar nuevas formas de aplicar conocimientos que siguen siendo valiosos?

La tecnología o la IA no puede recrear el inmenso valor de nuestra humanidad. Yo suelo analizar la inteligencia artificial desde la perspectiva de la misma como una “cosa”, en la raíz de su denominación está la clave para entenderla adecuadamente: “artificial”, es decir, imita o trata de imitar la inteligencia humana.

Resulta que la IA ha tomado para su desarrollo algunos términos estrictamente humanos, como por ejemplo: aprende, piensa, tiene redes neuronales, entonces parece que estamos tratando con una especie de ser vivo, pero en realidad es una máquina, siempre va a ser una cosa, una máquina. Pero se está creando un espejismo en nuestra conciencia de que “parece” que estamos frente a una especie de “Centauro Tecnológico” cuando hablamos de IA.

La IA no aprende, es “entrenada” en conocimientos que la humanidad ya sabe o ya tiene o tenía a su disposición. La IA no tiene neuronas, responde a una serie de fórmulas matemáticas.

Sin embargo, no podemos negar su gran valor como una herramienta de trabajo para la persona. No podemos dejar atrás lo que hemos aprendido, pero podemos utilizar esta nueva gran herramienta para generar nuevos conocimientos y llevar adelante investigaciones que nos permitan aplicar a hacer nuestra convivencia mejor. La tecnología o la IA no es mala, solo que nosotros tenemos que aprender a hacer de ella un uso responsablemente humano, que nos permita ser mejores personas y no viceversa.

Formar líderes para el futuro

En este escenario, el desafío vuelve a ser cómo formar a las nuevas generaciones. Para Ruffinelli, el liderazgo no puede construirse desde la individualidad, sino desde la participación y el propósito compartido. El punto de partida, insiste, sigue siendo el servicio y la búsqueda del bien común.

—Desde su experiencia académica e institucional, ¿cuál es el error que más deberíamos evitar al formar a las nuevas generaciones de líderes?

Creo que el error es no empezar comprendiendo que el punto de partida de la acción de un líder es esencialmente servicio, servir a los demás, buscar el bien de todos y no un bien individual o personal.

El liderazgo implica un servicio desinteresado a los demás. Si uno no está dispuesto a servir y buscar el bien común, no sirve para ser líder. Formar nuevas generaciones también implica comprender que debemos preparar o permitir que surjan nuevos líderes, generar espacios para la formación de líderes. El liderazgo no se nutre de la individualidad sino en la participación de todos unidos por un propósito justo.

Para quienes comienzan una trayectoria profesional, su recomendación mantiene esa misma línea: formarse integralmente, no dejar de aprender y preguntarse de qué manera los conocimientos adquiridos pueden contribuir a mejorar la sociedad.

—¿Qué consejo le daría a un joven profesional que quiere crecer en su carrera, pero también quiere que su trayectoria tenga un impacto positivo en la sociedad?

Que se forme como persona en todas sus dimensiones, que busque el conocimiento para servir a los demás, que nunca deje de aprender, de educarse y que piense en todo momento cómo con los conocimientos que adquirió puede hacer mejor la sociedad en la que vive.

En su mirada, crecer profesionalmente y servir a la sociedad no son caminos separados. El conocimiento adquiere sentido cuando se pone al servicio de los demás y el liderazgo se fortalece cuando deja de ser un proyecto individual.

Al hablar de trascendencia, vuelve a la palabra que atraviesa toda su concepción del liderazgo: servicio.

—Si tuviera que definir en una sola idea qué significa para usted trascender como líder, ¿qué diría?

La palabra clave aquí es servicio, pensar y buscar servir a los demás. El liderazgo trasciende, se potencia cuando se toma conciencia auténtica de esta cualidad.

Y al final, después de hablar de autoridad, educación, conocimiento, tecnología, responsabilidad y futuro, vuelve al principio. La definición cabe en una sola frase:

—Y para cerrar, ¿cómo definiría usted a un Líder Positivo?

Líder Positivo es aquel que busca servir y encamina a los demás hacia el bien común.

El Dr. César Ruffinelli será uno de los cinco speakers que participarán del Taller Conversatorio LÍDER POSITIVO: “Liderazgo que inspira, acciones que transforman”, que se realizará el martes 15 de septiembre, de 08:00 a 12:00, en la Sala de Convenciones del Banco Central del Paraguay. En este encuentro, abordará el tema “Liderazgo que transforma y trasciende: conocimiento, innovación y visión de futuro”, junto al Lic. Antonio Porcelli Piussi, con “Liderazgo con inteligencia emocional”; el Dr. Ricardo Preda, con “Liderazgo ético”; el Dr. Óscar Orué, con “Trabajo en equipo”; y el Dr. Marcelo Codas, con “Liderazgo y legado”. El encuentro es organizado por Vamos Por Más Producciones, con el apoyo de Diario Digital El Poder, RGF Productions LLC y Masiva Editorial del Grupo RGF.

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